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Arquitectura de una crisis: la pandemia y los espacios virtuales

Al parecer la crisis humanitaria ha disparado un sinnúmero de acciones usualmente escasas donde la vida humana, la salud y la economía están a un mismo nivel. Cesan las actividades de las ciudades y una vez mas nos aislamos, nos alienamos y, sin embargo, la situación se asemeja a algo a lo que estamos ya acostumbrados. Sin mayor importancia volcamos otra vez nuestra vida a la tecnología, nos desligamos de las condiciones naturales de nuestra existencia y hacemos mas llevadera la cuarentena en espacios de teletrabajo, de clases virtuales, chats y redes sociales.

Hoy en día tenemos muchos medios a nuestra disposición para facilitar los procesos y la manera de relacionarnos a pesar de la distancia. Pero, si realmente podemos hacer todo desde casa a través de aplicaciones y dispositivos, entonces, ¿hasta que punto es llevadera una cuarentena sin los medios tecnológicos con los que contamos?

La verdad es que no a todos les parece consolador el panorama y resulta totalmente comprensible cuando, además, encontramos abrumadora la realidad de nuestro campo de acción ante la crisis y el confinamiento.

Andrés Jaque es un arquitecto experto en estudiar escenarios paralelos en los que también se desarrolla la arquitectura y en los que normalmente no estamos acostumbrados a trabajar. Para él, la arquitectura y los urbanismos contemporáneos dependen de un capital inmaterial integrado a ordenes sociales que no siempre se manifiestan con facilidad. Es decir, existen una cantidad de redes, de relaciones y de actividades olvidadas que hacen sostenible la imagen que tenemos del mundo y que conforman mecanismos que, aunque a veces estén ligados a la tecnología, dan pie a la configuración de un espacio intangible donde la arquitectura puede trabajar.

En su proyecto Intimate Strangers, Jaque reflexiona sobre la arquitectura contemporánea al estudiar como la aplicación Grindr ha transformado la manera en que se producen las relaciones entre personas y, por lo tanto, en que se usa la ciudad. Grindr, como aplicación pionera en las apps de citas, es una empresa enfocada a encuentros sexuales entre poblaciones de hombres gay en todo el mundo. Desde hace años, este se ha convertido en un medio para que miles de hombres encuentren a otras personas con las que comparten intereses, pero ofreciéndoles una gran ventaja: poder llegar a tener un encuentro físico gracias a que la aplicación funciona con un sistema de geolocalización que permite contactar usuarios mediante su proximidad.

Tradicionalmente los organismos para “salir del closet” eran soportados por los lugares que conformaban los barrios gay; bares, discotecas, restaurantes… Sin embargo, el medio de las nuevas generaciones ha sido la interacción digital, por lo que, probablemente, esto explique la transformación urbana y la disolución de la identidad gay que viven barrios como Chueca en Madrid, o el SoHo de Nueva York. Estas tecnologías son un filtro a través del cual podemos dominar situaciones que en la realidad no controlamos o que, simplemente, no nos interesan. De alguna manera, desarrollamos mecanismos para acceder a espacios donde habitualmente no podemos. Así, creemos dominar la realidad y alteramos nuestra noción de la distancia para extender nuestras posibilidades de comunicación. Los efectos de la tecnología digital hacen que la localización pierda relevancia, y que primen mecanismos de proximidad virtual bajo los cuales se puede regir la sociedad. Es decir, que un cambio en la forma en que experimentamos el mundo puede implicar una transformación en el funcionamiento real de la sociedad, pero también, en sus estructuras de control que, al manifestarse de una manera sin aparentes evidencias físicas, son más complejas de reconocer.

Hoy la experiencia que tenemos de la realidad está pasando a ser mediada a partir de un espacio virtual. Jaque también advierte sobre el efecto en el que, plataformas como Grindr, pueden transformarse en mecanismos de control social. El enfoque de la aplicación, así como sus posibilidades de geolocalización parecen atar dos cabos fundamentales para lograr la persecución y castigo de personas en donde la homosexualidad no es admitida. No obstante, su investigación también resalta como estos espacios virtuales se han utilizado para ayudar a migrantes que llegan a las costas europeas, donde locales consiguen contactarlos por medio de la aplicación para integrarlos a programas de rescate y refugio en la comunidad.

Podría describirse un fenómeno similar en algunos países de Latinoamérica, como Colombia, donde migrantes que llegan de otros países se valen de plataformas para rebuscar un medio de subsistencia en la ciudad. Los nuevos modos de consumo alteran partes sencillas de la rutina, como ir a la tienda o al mercado, pero delegan con mayor facilidad esos trabajos a aplicaciones que nos aproximan a las estanterías. El urbanismo se ha diversificado entonces en actividades normalmente escondidas que permiten el funcionamiento de las lecturas formales de la ciudad y de procesos que dejamos pasar por alto sin ser conscientes de que nuestra actualidad se compone a partir de ellos. Aun así, no se descartan actividades, casi siempre posibilidades de negocio (como las entregas a domicilio), que logran ser fuertemente visibles al provocar aglomeraciones espontaneas de gente en el suelo, o al teñir de naranja las calles.

Las aplicaciones están conformando otra arquitectura que pertenece al mundo digital pero que alteran fuertemente la manera en como nos relacionamos con el mundo real. Por ejemplo, nuestro entrante orden social, regido por el liderazgo económico y no ético. Pero bueno, ya teorías sobre los posibles efectos de la penetración tecnológica a nuestra vida han sido advertidos desde años atrás. Por su parte, Andrés Jaque toma distancia y no aborda esta cuestión únicamente a partir de la tecnología. Él, pone en evidencia que son los mecanismos propios de la imagen los que influyen en el funcionamiento de la sociedad actual. Es decir, espacios virtuales, pero no necesariamente digitales.

Hace unos años Andrés Jaque presentó su proyecto Phantom: Mies as Rendered Society. Su investigación, habla de una manera en la que se construyó el Pabellón Nacional de Barcelona que siempre ha sido ignorada o escondida. Jaque, expone el mecanismo que mantiene la ilusión de frescura indeteriorable del pabellón a partir de la exploración de un dispositivo arquitectónico; el sótano del pabellón.

El proyecto devela las actividades de mantenimiento que demanda un edificio que aparenta ser muy sencillo. Esta, es la imagen lograda a partir de la configuración de un espacio virtual que altera nuestra experiencia de la realidad y obedece a los ideales de belleza o de objetos de deseo como mecanismo de producción del individuo; otro escenario bajo el cual se construye nuestra sociedad actual. Jaque explica como la relación entre el mundo del sótano y el de la superficie enlaza los tejidos políticos que componen lo social a partir del encuentro entre lo diverso en el Pabellón de Mies. La manifestación de estas actividades pone en evidencia escenarios ocultos donde se mueve una arquitectura nutrida por un mundo virtual pero también con grandes implicaciones en el mundo real. Finalmente, son mecanismos que por estar ligados a lecturas formales pierden el testimonio de su existencia y tienden a pasar desapercibidos.

Hoy, nos asomamos a la calle y en muchas ciudades del mundo, por muy densas que sean, es probable no llegar a ver ni a una sola persona debido a la contingencia del virus. Una pandemia ha podido llevarnos a redefinir nuestro espacio y pensar que hacer con él cuando es lo único que tenemos durante días. Redefinimos el espacio entre una persona y otra, y se olvidan los abrazos y la vida se nos vuelve cuadritos en una pantalla con la cara de nuestros amigos.

El urbanismo actual nos ha demostrado que hay una arquitectura que parece desarrollarse a mayor velocidad y con mas facilidad en escenarios volátiles que no pertenecen a un recinto fijo sino a espacios cambiantes y dispersos. La restricción de espacio nos obligó a disponer súbitamente nuestra vida a la tecnología. Por lo tanto, es tiempo prudente para estudiar estos fenómenos porque hoy los arquitectos nos estamos enfrentando a una realidad en la que nos es difícil operar. Pues, muchas veces desconocemos las implicaciones que trae adoptar estructuras regidas por ordenes sociales difíciles de identificar.